domingo, 6 de noviembre de 2016

Como la Flor


Este blog me ha servido para dos cosas: para expresar momentos muy felices o momentos muy tristes, sin duda, unos y otros, a su manera especiales,  pues me han regalado la entereza, la ira y toda la gama de emociones que pasan en mi cabeza cada segundo, cada día, a cada momento que se me ocurre hacer una locura. 

Si te escribo con honestidad, tuve una infancia muy feliz, un poco sola, pero muy feliz, sobre todo porque no tuve ni hermanos menores, ni primos chiquitos, ni sobrinos con los que tuviera que compartir algo: ni unas sabritas, ni la atención, ni siquiera una habitación. Sin embargo, de haber tenido a una hermanita, sin duda me habría gustado que fuera alguien como tú. 

Me doy un poco de vergüenza, pues ya empecé con la lloradera y no era esa la intención, pero ¿sabes algo? Te admiro mucho, lo hago porque tengo ganas de hacerlo y sobre todo porque tengo muchas razones: aunque tienes facha de niña (sobre todo cuando no te pintas), sé que en tu interior eres una mujer muy fuerte y valiente; sabemos que no es fácil estar lejos de casa, pero bien vale la pena este sacrificio. 

Admiro en ti esa sonrisa tímida que escondes detrás de un helado, o de tu par de ojos verdes profundo que me regalan paz, porque sé que de modo honesto esconden todo un universo contenido en un cuerpo que no rebasa los 160 centímetros de estatura; un frasco pequeño dispuesto a estar ahí, de modo sincero y honesto con un gran sonrisa para alegrar mis días y los te rodeamos. 

Mentiría si te dijera que no admiro tu "ñoñez", la dedicación que le pones a tus exámenes, a tus abuelitos, a tu casa, a tu familia y a nosotros, tu otra familia. Admiro la forma silenciosa en la que observas y analizas todo lo que pasa a tu alrededor; pero sobre todo admiro la prudencia con la que sabes tener el consejo perfecto, la palabra oportuna o el hombro consolador para hacer la vida mucho más sencilla, con tu enorme sabiduría.

 En fin, creo que podría seguir escribiendo líneas y líneas para expresarte todas las cosas que admiro de ti, pero al final, sólo me doy cuenta de una cosa: no merezco tanto, pero soy afortunado de tenerlo, de tenerte, que seas mi pequeña confidente, amiga, mi nené, mi heladera y todas las cosas bonitas que sabes que significas en mi vida. 

Felices 20, sé que Dios será tan bueno para regalarme otros 20 años a tu lado para ponerme haciéndote maldades y que juntos escribamos miles de historias más de las que luego nos podamos reír como loquillos. ¡Te adoro!



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