jueves, 21 de mayo de 2009

Para los pomulitos de ojos pispiretos




Internet, como cualquier cosa tiene su lado positivo y negativo; el lado bueno y el que a todo mundo nos gusta de este medio es su eficacia y la cantidad de información a la que uno puede tener acceso estando a un sólo click de distancia, sin embargo, la verdadera razón por la que a mí me gusta es por la huella indeleble que nos permite estar en un espacio como este.

La persona que me mueve a escribir este post, es una niña de un nombre peculiar, carisma único y una forma de bailar que desearía más de una profesional; sin embargo, no escribo hoy esto por sus dotes en el baile, o por lo peculiar de su nombre que ha generado muchísmos comentarios en su blog de gente de toda América Latina que trata de averiguar el significado, y mucho menos lo escribo por su profesionalismo al momento de enfrentar los retos y las oportunidades que la vida que le opone.

Más bien la razón que me lleva a escribir estas líneas es el agradecimiento real que le tengo por haberme hecho partícipe de su vida, por todas las ocasiones en las que me regaló su sonrisa alegre, su estrés, su comprensión y ante todo su amistad. Escribo esto estando seguro que mi vida universitaria no hubiera sido la misma sin mi gran aliada, mi gran amiga y compañera.

Aunque sé que a lo mejor en estos cuatro años han sido pocas las ocasiones en las que nos hemos hablado para contarnos cosas importantes o íntimas que nos muevan, estoy convencido que ambos sabemos que aunque hoy sea el último día de clases, esa amistad tácita que uno por el otro tiene, esa sonrisa sincera y ese poder de escuchar y confiar de modo pleno como tú y yo lo tenemos no se va acabar aquí con la carrera.

En realidad quiero que sepa que estoy sumamente agradecido por todo y cada una de las experiencias que aprendí a su lado, las que me formaron como profesional, como persona, como amigo. Recuerdo con gran emoción todas las veces que nos reímos con alegría y evoco con una sonrisa en el rostro aquellas en las que por estrés uno quiso matar al otro, u otras en las que simplemente esperamos juntos a que el tiempo pasara.

Mayanin, Carmita, Mayis, Chapis, Chavis, Sobres o cualquiera del sinfín de apodos y formas en las que distintas personas te llamamos con cariño, quiero que sepas que eres muy especial en mi vida, y yo no sería la persona que soy sin tus enseñanzas, tus sabios consejos y tu amistad. Gracias por ser tan honesta, tan sincera, tan amiga y por enseñarme a reconocer esas cosas realmente importantes en la vida. Te quiero mucho y esto no se acaba aquí, al contrario, apenas empieza.

Tu amigo, Pepe

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