jueves, 4 de junio de 2009

El nombre es lo de menos

Ayer dije Mateo sin pensar, escuché opciones y el nombre me sonó bonito, me sonó alegre, me sonó a un nombre de primogénito, además de ser uno que pertenece a mi evangelista favorito. Sin embargo, pensando en el nombre, me puse a imaginar a pensar en lo que sucederá, me puse a pensar en cómo serás, cómo se sentirá verte sonreir, verte correr y verte jugar.
Pero creo que fue en ese momento de imaginar qué pasaría que me di cuenta del suceso que realmente estaba pasando en el vientre de mi hermana, de mi única hermana. Imaginé las pataditas que ella ha de sentir en su interior y la emoción que tanto tu papá como tu mamá sintieron hace unos días al verte sonreir, por primera vez.
Me puse a imaginar en la gran responsabilidad que ellos están trayendo al mundo, al traer a un ser humano más, uno de carne y hueso, uno pequeñito e indefenso que requerirá de todo el amor, el cuidado y el amor para sobrevivir. Un niño pequeño de gran corazón, que seguro que será un gran aficionado a las motos como su papá y que disfrutará tanto con las buenas lecturas como su mamá.
Un pequeño infante que cuando viaje a ver a sus tíos de Querétaro será tachado de “Yuca” pero que sin duda vivirá en un entorno lleno de cariño y armonía. Te vi consentido por una y otra abuela, mimado por uno y otro tío, y que al llegar a casa serás regañado por el carácter recto de tu madre y sonreirás con la benevolencia y los chistes de tu padre.
Me puse a imaginar historias, los chistesdel abuelo Pepe y las historias y enseñanzas del abuelo Miguel. Te vi saboreando unos deliciosos tacos de canasta de tu abuela Fátima o disfrutar cuidando a Ponky, a Draco o a Princesa en compañía de tu tía Eila. Imaginé las caras de desvelo cuando te despierten a las 8:00 de la mañana en domingos para ir a misa de niños.
Imaginé mil y un cosas a tu lado, me puse a pensar en el gran regalo que Dios le ha dado a nuestras familias al ponerte en el vientre de mi hermana, seguí imaginando y no pude dejar de sonreir y comprendí que no importa si te llaman Mateo, Fernando, Pablo o Wenceslao, lo importante es que vienes bien estás vivo y aunque jamás te he visto sonreir, ya imaginé como será la vida a tu lado.

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