lunes, 16 de noviembre de 2009

¡Oh!... ¿Fue un sueño?


Era un niño. Tenía tan sólo 16 años. No sabía ni ahora sé con certeza qué es lo que quiero. Recuero que fui malo, muy malo. Nunca había visto llorar a nadie, y nunca conté las lágrimas que vi caer de tu rostro, y te pido perdón. Ahora ya no soy tan niño, ya se me cae el cabello como a tí. Mi estrés ya no es por tareas, ahora es por algo un poco más complicado que antes no comprendía, una cosa llamada vida, y que hace que la gente ande sin dejar de mirar el reloj.



Ayer descubrí que son muchos años, muchos vividos en silencio y sin nada qué decir. Tu silencio me asusta y el ponerme a pensar en ello aún más. Estoy seguro que no lo has superado del todo, estás bien a secas, igual que yo. No puedo decir nada respecto a lo que pasó anoche. Pero aún así sigo pensando que no estás totalmente cómodo.



¿Cuántos sueños pueden perderse en siete años? ¿Por qué reencontrarnos ahora? Y como me dijiste hay muchas cosas que no te gustan de mí, a mí me pasa lo mismo. Sé que la madurez debe llegar, sé que la madurez está en algún sitio, está cayendo como el rayo que ilumina el alba, pero por ratos se le olvida dónde queda el sur, como a todos.



Prometo no volver esto un sueño. Prometo no desaparecer como en el pasado, hacer que eso que nunca fue esta vez sea tan real a lo que siempre imaginamos, aunque estoy seguro que nuestras perspectivas no son las mismas, aunque eso sólo el tiempo lo dirá.




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