Desde que he estado trabajando en Save the Children, muchas cosas en mi vida han sido nuevas, para empezar, hacer algo a cambio de un recurso monetario, es algo nuevo, en segundo, ver que tu estatus crece, que la gente cree en ti y no se trata de una tarea, no es una calificiación, es una responsabilidad que las personas mayores llaman vida y por lo general estresa a las personas.
Ese mismo estrés produce calvicie en unos, insomnio en otros e incluso los más radicales presumen de padecer estreñimiento. Pero en todo ese ritmo, donde procuramos ir de un lado a otro, en el que sólo nos detenemos a dormir unas horas y a continuar pensando en los pesos, hay gente que realmente tiene motivos para vivir estresada.
Este es el caso de la gente de las comunidades, de las comunidades más pobres, de las más necesitadas, de las más desprotegidas, que a pesar de todo son las más felices, porque han aprendido a vivir con lo que tienen, a disfrutar lo que tienen. Han aprendido el valor de disfrutar un parque en sábado, de jugar corriendo descalzos sobre el pasto y sobre el asfalto también.
¿Y sabes algo? A pesar de todo, son felices, puedes ver esa luz en su rostro y descubrir su inocencia y la pureza de su alma. Con haber vivido para ver eso y poderlo contar, me queda claro que el trabajo que he estado realizando, me ha pagado con creces el precio de mi trabajo. Trabajar para ellos, silenciosamente tiene sentido. Vivir tiene sentido. Hacerlo por otros mucho más.
La diferencia radica en que Su todo desde un punto de vista humano es mas grande que nuestro todo desde nuestro punto de vista material, gozan la vida desde su mundo real y no desde nuestro mundo irreal. Viven felices, satisfechos con lo que tienen; nosotros vivimos sin vivir, soñamos sin soñar porque nuestro mundo es superficial, luchamos por sentirnos con valor dentro de nuestra sociedad que poca idea tiene del valor humano.
ResponderEliminarY moriremos creyendo que vivimos la vida cuando no vivimos ni un segundo en ella.
Ojalá que aprendamos un poco más de ellos para no vivir una vida hueca, sino darle un poquito de valor a nuestro quehacer diario. En la medida que lo hagamos seremos un poco más felices, y tendremos el reconocimiento más importante que es aquel que le da tranquilidad al alma.
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