jueves, 24 de diciembre de 2015

Carta a Rosilú


No me preguntes qué hago sentado frente al ordenador cuando más de las 9 de la noche del 24 de diciembre, luego de haber buscado por todas partes una cinta mágica, scotch, diurex o cualquier otra cosa que me permita ponerle papel a los detallitos que no compraría y terminé comprando para mi gente. 

Pensándolo bien, no sé qué hago con muchas cosas de mi vida, y menos qué hago escuchando a Bisbal y Chenoa que tan mal me caen juntos a todo volumen en las bocinas bluetooth que tampoco debí comprar porqué no necesitaba, pero que tanto uso les he podido dar. 

En fin, si me pusiera a enlistar todas esas cosas que he hecho, sin saber porqué, pero que simplemente las he hecho porque "se han dado" "porque lo he decidido" "porque lo he enfrentado" " porque he dicho que este, aquel o el anterior eran mi momento". Algunas veces con éxito, otras con no tanto, pero todas y cada una de esas veces con todo el ánimo del mundo. 

Gran parte de ese ánimo y entereza lo he aprendido de ti, de tu seguridad, de tus ganas de hacer las cosas, de tus pequeños gritos y regaños que como los agudos de Celine Dion, marcan la diferencia en las personas que estamos cerca. Gracias por haberme enseñado que la vida es un reto, es esa moneda que echamos al aire en la que a veces ganamos y otras nos conformamos con ser ese segundo lugar. 

Gracias por esas risas y llantos que hemos compartido, por enseñarme que el tequila no es el demonio y que el Crossfit y los hábitos saludables, no son una moda, sino algo que debería ser inherente a nuestras personas. He aprendido gracias a ti que quien se ve bien, se siente mejor, que los retos se proponen, se decretan y se cumplen, que los errores, sólo son parte del curso de inducción al aprendizaje. 

Gracias por tu cariño, gracias por tu compañía, gracias por tu confianza y sobre todo te agradezco que seas ese gran ser humano que llena de ilusión y esperanza mis días nublados, por eso y muchas cosas más sólo quiero decirte: Feliz Navidad, sé que el Niño Jesús nacerá con mucha emoción en tu corazón, pues nunca, léelo, nunca, nos pone retos que no podamos superar. 

¡Yo no pido felicidad eterna, pido alegría por siempre, para saber sobreponerse a los retos que la vida nos pone, porque si todas las cosas fueran fáciles, sin duda cualquiera las haría. 

PD1. Te quiero aunque un día de estos vayas a pinchar las llantas de mi carro. 
PD2. Ya me voy a bañar que cuando llegue ya no va a haber pavo de navidad. 

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