lunes, 5 de diciembre de 2016

Hoy volví a pensar en ti, suele suceder.

"Tú me has hecho tanto daño que me marcaste hasta la piel" 

A estas alturas de la vida, sólo me queda clara una cosa: cada quien libra sus propias batallas y combate sus propios demonios. Ya tengo 30 y he entendido que todas las deudas se saldan y uno decide si supera las cosas pronto, lento o decide nunca enfrentarlas aunque ese pendiente se quede pendiente para siempre. 

Pareciera que es muy fácil dejar algo pendiente, dejar cosas para que el tiempo las solucione, poner el teléfono en arroz para que en la noche vengan los chinos a secarlo, pero lo real es que esas cosas no pasan. No sirve de nada el tiempo, si no hacemos nuestra parte, si no intentamos, perdonamos, pedimos perdón y hagamos todo lo pertinente para conseguir lo que tanto anhelamos. 

Hoy alguien me decía que el secreto está en nunca rendirse, hoy confirmo que el secreto está en no perderse en el camino, en sabernos y reconocernos tan humanos como somos, en reconocer nuestros errores y aceptar nuestros defectos. 

Nos la pasamos pensando que los demás se equivocan; es fácil para nosotros detectar los errores que hagan las personas hacen, pues son las cosas que nosotros vemos, es fácil ver lo que pasa frente a nosotros, ser espectadores, lo complicado es ser espectadores de nosotros mismos. Nos rehusamos a aceptar nuestros propios conflictos. 

Negamos nuestros demonios y tenemos excusas para disfrazarlos. Todos tenemos razones válidas. Sin embargo, esas razones, son las que no nos dejan ser felices, pues aunque la felicidad sea momentánea, la búsqueda de ella debería ser permanente. ¿No crees?

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